Puntos clave
- No coral. Una comunidad arrecifal necesita superficies duras, complejas y llenas de cavidades.
- Biopelículas en días, invertebrados en semanas y peces casi de inmediato.
- Primero hay que retirar el combustible, el aceite, el cableado y cualquier elemento que pueda flotar.
- Un arrecife puede concentrar peces en lugar de crearlos. La ubicación y la honestidad importan.
Lo que le falta a una llanura de arena
Es tentador pensar que un arrecife está hecho de coral y que, por tanto, un arrecife artificial intenta cultivar coral. Pero esa no es exactamente la lógica.
Lo primero que necesita una comunidad arrecifal es una estructura física: algo duro a lo que pueda adherirse, algo lo bastante complejo para crear sombra y zonas de sombra en las corrientes y, sobre todo, algo lleno de cavidades de distintos tamaños para que los animales puedan refugiarse donde los depredadores no puedan alcanzarlos.
Una llanura de arena no ofrece nada de eso. Es plana, móvil y no proporciona ni superficies de fijación ni refugio, por lo que sustenta a un pequeño número de especies especializadas y prácticamente a nada más.
Coloque sobre ella un objeto duro y complejo y habrá aportado la variable que faltaba. Todo lo demás depende del océano circundante, que ya contiene los animales y solo carecía de un lugar donde instalarlos.
Qué ocurre y a qué velocidad
La secuencia es lo bastante constante como para resultar predecible, y es más rápida de lo que la mayoría espera.
En cuestión de días, una biopelícula de bacterias y diatomeas cubre todas las superficies sumergidas. En cuestión de semanas, las algas y los primeros invertebrados colonizadores, como hidrozoos, briozoos y pequeños gusanos tubícolas, ya se han establecido. En cuestión de meses, se aprecia una capa de crecimiento y los primeros peces utilizan la estructura como refugio.
Los peces llegan casi de inmediato, mucho antes de que haya algo que comer en la propia estructura. Acuden en busca de refugio y llegan desde las aguas circundantes pocos días después de que el objeto se deposite.
Con el paso de los años, la comunidad madura. El crecimiento incrustante se vuelve más denso y diverso. Se instalan corales. La corrosión abre nuevas cavidades y cada una es colonizada. La población de peces pasa de estar formada por especies generalistas a incluir especies con necesidades específicas, y aparecen depredadores.
Una década después, un casco hundido ya no es un barco con peces alrededor. Es un arrecife con forma de barco.
Crecimiento que se densifica sobre una estructura hundida
La preparación, la parte que más trabajo requiere
Hundir una embarcación correctamente exige mucho trabajo y es ahí donde se distinguen los proyectos responsables de los simples vertidos.
Se retira todo lo que pueda contaminar: combustible, aceite lubricante, fluido hidráulico, refrigerante, baterías y cualquier material que contenga compuestos peligrosos. Se desmontan los mazos de cables, el aislamiento y la espuma porque se degradan y se convierten en fragmentos. Se retiran o se aseguran los accesorios sueltos, las puertas y cualquier elemento que pueda desprenderse y quedar a la deriva.
Después se practican aberturas de forma deliberada. Se realizan grandes aperturas en los mamparos y las cubiertas para que el interior se inunde de manera uniforme, para que los peces y los buceadores puedan atravesarlo sin quedar atrapados y para que el casco no se convierta en un laberinto sin salida.
Por último, se coloca la embarcación. Se remolca hasta un lugar previamente inspeccionado, se mantiene en posición y se inunda siguiendo una secuencia controlada para que se asiente derecha y en el lugar previsto, en vez de volcar o desplazarse a la deriva.
Todo ello requiere recursos y mucho trabajo, y esa es la diferencia entre un arrecife y un problema.
¿Funciona realmente?
En cuanto a la cuestión concreta, si un arrecife artificial alberga mucha más vida marina que el fondo desnudo al que sustituyó, la respuesta es inequívoca y puede verse desde el visor. Arena vacía, después un muro de peces y, de nuevo, arena vacía.
En cuanto a la cuestión más amplia, existe un debate científico auténtico y prolongado, y conviene conocerlo en lugar de pasarlo por alto.
La preocupación se conoce como atracción frente a producción. ¿Crea un arrecife nuevo más peces o simplemente reúne a los que ya existían en las proximidades y los concentra en un solo lugar? Si solo se trata de concentración, el arrecife no ha ayudado a la población y, en cierto modo, la ha perjudicado al hacer que los peces sean más fáciles de capturar.
Las pruebas sugieren que se dan ambas cosas, en proporciones que dependen del lugar, de las especies y del hábitat circundante. Cuando el refugio era el factor limitante, la nueva estructura produce más peces. Cuando no lo era, el arrecife se limita principalmente a reunirlos.
La conclusión práctica a la que llega la mayoría de los investigadores es que los arrecifes artificiales son una herramienta real que puede utilizarse mal con facilidad, y que la ubicación, la preparación y un seguimiento honesto son lo que determina cuál de los dos resultados se obtiene.
Los argumentos en contra
Hay varios, y ninguno es absurdo.
Las embarcaciones mal preparadas liberan contaminantes, y existe una larga historia de materiales hundidos sin una limpieza suficiente. Los arrecifes ubicados incorrectamente dañan la comunidad del fondo marino que ya estaba allí, por lo que nadie responsable coloca un casco sobre coral vivo. Las estructuras ligeras se desplazan durante las tormentas y pueden acabar en un lugar destructivo. Además, un arrecife construido principalmente para atraer a buceadores y embarcaciones pesqueras puede aumentar la presión sobre los animales que concentra.
La respuesta a todo ello es de procedimiento, no filosófica: limpiar correctamente, inspeccionar el lugar, elegir con cuidado el fondo, asegurar un peso suficiente y realizar un seguimiento posterior.
También conviene dejar clara la motivación real. Los arrecifes artificiales suelen construirse por varios motivos a la vez, como crear hábitat, deshacerse de una embarcación y ofrecer un lugar al que puedan acudir buceadores y sumergibles, pero solo el primero de esos objetivos es conservación. No es ningún escándalo. Simplemente conviene decirlo abiertamente, en lugar de fingir que el turismo es algo secundario.
